- Cheque Escolar
- Derecho de “huelga de estudiantes”
- Educación para la Ciudadanía
- Libertad lingüística en la escuela
- Reválidas y pruebas vinculadas a títulos académicos
- Velo islámico en la escuela pública
- ¿Enseñanza Pública o Privada?
El borrador del currículo de la asignatura -obligatoria en centros públicos y privados, y presente desde la Primaria hasta el Bachillerato- no es sino un cúmulo de tópicos progres vinculados al fundamentalismo ecologista, feminista, multiculturalista y antiliberal.
Por ejemplo, en Primaria, los contenidos versarán, entre otras cosas, sobre las reglas de funcionamiento de las asambleas como instrumento de participación en las decisiones colectivas, sobre cómo fomentar el espíritu solidario ante los problemas de los demás (contra la idea de propiedad privada y responsabilidad individual), sobre la necesidad de respetar las costumbres y modos de vida de otras culturas (negando por tanto la universalidad de ciertos derechos y libertades), sobre la importancia del “consumo responsable” o sobre las ventajas de pagar impuestos.
En Secundaria, la asignatura tratará sobre la pobreza, la globalización, y las desigualdades sociales -nótese como la globalización, que no es otra cosa que el libre comercio, aparece como una de las grandes injusticias del mundo. En Secundaria se vuelve al tema de los impuestos, con algo más de concreción: “Compensación de desigualdades y distribución de la renta” lo que equivale a un rechazo a la propiedad privada y a la libertad del individuo para apropiarse de los frutos de su trabajo. Esto lo dejan claro los siguientes objetivos de la asignatura: “Rechazo de las desigualdades personales, económicas o sociales”, “Un mundo desigual: riqueza y pobreza”.
En definitiva, la asignatura trata asuntos que traspasan no ya la formación académica, sino incluso la moral, abordando directamente temas políticas en el marco de los cuales son legítimas una pluralidad de visiones. No se entiende, por tanto, que se presenten como materias sobre las cuales cabe enseñar y aprender conocimientos académicos presentados como objetivos. Esto es grave porque, a diferencia de la asignatura de religión que abiertamente transmite unas convicciones morales, no es elegida por la familia, sino por el Estado, siendo una asignatura obligatoria y evaluable.
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